Historia del Bridge

Quien quiera saber los orígenes del Bridge deberá remontarse al siglo XVI, en Europa, donde se practicaban una gran variedad de juegos de cartas como el Quadrille en Francia, el Vint en Rusia, el Arrastrao en España y el Whist en Inglaterra.

William Shakespeare hace mención, en 1606, en su obra Antonio y Cleopatra, de un juego conocido como triunf and ruff (triunfo y fallo). A mediados del siglo XVII dicho juego comienza a ser practicado por las clases nobles y modifica su nombre, pasando a denominarse Whist. Se dice que en el siglo XVIII fue admitido en la corte de Luis XIV y jugado por Napoleón y sus dos esposas. El cuarto Conde de Sandwich (1718-1792) se hizo famoso sin proponérselo ya que, por no levantarse de la mesa de Whist, hacía que sus sirvientes le pusieran entre dos panes cualquier comestible. 

El Whist fue el primer gran juego inglés de sociedad; lo juegan cuatro jugadores formando dos equipos y utiliza también el mazo de 52 cartas, 13 para cada jugador. A la última carta en repartirse se le da vuelta y su palo hace de triunfo. El mecanismo de carteo es el mismo que para el Bridge excepto en que no hay muerto, cada jugador juega sus cartas. Tampoco hay subasta y puntúan las bazas que se consiguen ganar a partir de la sexta (a las seis primeras bazas las llaman Book). Fue también el primer juego de cartas sobre el que se escribió un tratado (E. Hoyle, Short Treatise, 1742), que no sólo describía sus reglas sino que también aportaba detalles y consejos sobre el modo de jugarlo. El auge del Whist representó el surgimiento de una nueva actitud social ante los juegos de cartas, que se reflejaría en la aparición de los clubes de Whist, precedentes de los actuales clubes de Bridge.

El primer juego de Whist duplicado tuvo lugar en Londres en 1857 y el primer encuentro entre clubes en Philadelphia, en 1883. 

A partir de 1880 aparece el Bridge Whist. Tiene tres diferencias respecto al Whist. La primera es  que una de las manos se tiende sobre la mesa. Aparece así la figura del muerto, probablemente de forma casual ante la falta a la cita de alguno de los jugadores. La segunda es que el dealer puede elegir el palo de triunfo o decidir jugar a sin triunfo. Por último, se puede doblar y redoblar indefinidamente. 

En 1904, nace el Auction Bridge, variante que introduce el remate y elimina, por lo tanto, el privilegio de elegir el triunfo. La puntuación era la misma si los jugadores declaraban un contrato bajo y hacían bazas de más o si declaraban directamente un contrato más alto. El siguiente cambio importante aparece en Francia alrededor de 1918 con la aparición del Bridge Plafond, donde sólo las bazas contratadas y cumplidas cuentan. 

El norteamericano Harold Sterling Vanderbilt (llamado el padre del Bridge moderno) introdujo los cambios que dieron lugar al Bridge tal como lo conocemos actualmente. En una travesía en barco desde Los Ángeles hasta La Habana, que duró nueve días, Vanderbilt dió forma a la tabla de premios y multas (incluyendo el concepto de vulnerabilidad). Hasta entonces rara vez se defendían los remates. Logró en 1925 un acuerdo entre el Portland Club de Londres, el Whist Club de New York y la Comisión Francesa de Bridge, los órganos más acreditados en reglamento de juego y ética deportiva, y se crearon las reglas del Contract Bridge, que aún hoy están vigentes. En 1929 publicó su primer libro, The new contract Bridge, en el que recomendaba un sistema de remate que consistía, entre otras cosas, en un trébol forcing, un diamante negativo, y aperturas de dos débiles en los palos mayores.

Entre 1927 y 1932, el Bridge adquiere un gran desarrollo en Estados Unidos gracias a Ely Culberston, un emigrante rumano casado con Josephine Murphy, considerada la más experta jugadora de Bridge de los Estados Unidos, y que fundó la primer revista de Bridge, la Bridge World.