TESIS SOBRE BRIDGE, por Miguel Mestanza

BRIDGE: CULTURA, CIENCIA Y DEPORTE

Resumen de la tesis del Sr. Miguel Mestanza Traducido por PCA de www.worldbridge.org/texts/MestanzaThesis.pdf

Miguel Mestanza, quien fuera Presidente de la Federación Española de Bridge (1993-1997), presentó la tesis de su doctorado sobre el tema “Bridge: Cultura, Ciencia y Deporte” en la Facultad de Humanidades de la Universidad Española San Pablo de Madrid, el 16 de marzo de 2007. Obtuvo, por la tesis, la mayor clasificación cum laude de un doctorado en esa Universidad.

La idea de preparar esa tesis se basó en su convicción de que era importante llevar al conocimiento de la universidad, a una fuente de posibilidades didácticas, el desconocido mundo de la cultura y la ciencia unido al juego de Bridge, que él descubrió durante su carrera de investigación.

En lo que concierne a la cultura, Mestanza plantea la cuestión de la relación entre la cultura y el juego en su origen. El juego pertenece a la naturaleza humana, sea racional o no. Y el ser humano, usando la razón y el conocimiento, le da forma al juego y lo convierte en cultura. Huizinga (1872-1945 – Historiador holandés, escribió Homo Ludens (1938), obra dedicada al estudio del juego como fenómeno cultural, concibiéndolo como una función humana tan esencial como el trabajo) solía decir que el juego no es cultura, pero que la cultura deriva del juego.

La cultura griega presentaba diversión y entretenimiento, incluyendo juegos y actividades musicales y artísticas como el teatro, como componentes esenciales. Esto fue una manera importante de lograr la educación, la “paideia” (del griego παιδεια, “educación” o “formación”). Otro objetivo esencial fue la cultura de la competición, consustancial con cualquier forma de cultura griega.

Roma vio que la cultura de la universalidad como esencial. El “ludus” (El sociólogo francés Roger Caillois distingue dos momentos en el juego: la paidía, la capacidad de inventar e improvisar formas, el momento de libertad para inventar, junto al ludus, donde predomina en el juego el seguimiento de la norma), que reemplazó al “paideia”, tuvo el mismo signicado, pero era más universal puesto que fue aplicado a juegos, personas y lugares.

En la Edad Media, la cultura se volvió individual, según las regiones o los feudos. Los juegos eran locales. Con el objeto de escapar de los bárbaros, la cultura universal se refugió en los monasterios. Pero debido a su expansión, volvió a su forma previa, aunque con el componente agregado de la enseñanza.

La invención de los juegos de cartas coincidió con el comienzo del Renacimiento, cuando la cultura creativa dio cabida a nuevos juegos, entre los cuales estaba el predecesor del Bridge, conocido en las Islas Británicas desde 1526 bajo el nombre de triumphus hispanicus. Dicha denominación demuestra que el origen de este juego derivaba de otras culturas, probablemente arábigas, traídas a la peninsula Ibérica y llevadas desde allí a las Islas Británicas por comerciantes y soldados durante el período de la unión de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Esto podría explicar las severas homilías del Obispo anglicano Hugh Latimer contra “un juego llegado desde la España católica”.

Este juego rápidamente recibió la influencia de la cultura del país que le dio la bienvenida. En las Islas Británicas el juego se hizo conocido como Whist porque se lo jugaba en silencio. El juego se esparció a través del país y fue mencionado, en 1602, por Shakespeare en “Antonio y Cleopatra”.

Poco a poco, durante el período de la Ilustración, varias materias que dieron lugar a varias culturas tuvieron que ser estudiadas y las culturas públicas fueron obligadas a ser reguladas. El primer tratado sobre el Whist fue preparado por Thomas Hoyle y publicado en 1742.

La sociología, la ciencia de los fenómenos sociales, facilitó la difusión del Whist por las relaciones sociales junto con las mejoras de los medios de comunicación desarrollados durante la Revolución Industrial. El Whist fue rápidamente conocido y parcticado en Francia y también en Estados Unidos, hacia donde fue llevado por los puritanos del Mayflower. Se fundó un club de Whist y nuevas fórmulas fueron creadas con el objeto de atraer a más participantes al juego, tal como la duplicación o los movimientos Mitchell y Howell.

La ciencia de la cultura empírica permitió la creación de una serie de reglas técnicas de carteo que llegaron a ser populares, tales como el golpe Deschapelles (sacrificar una carta que podría ser una eventual ganadora -como un K- para establecer una entrada en la mano del compañero) , el golpe Bath (la táctica de jugar bajo teniendo AJx(x) cuando el oponente juega K-Q de cabeza), el golpe Wien (jugar una carta alta, aparentemente estableciendo una carta del oponente, cuando en realidad se está haciendo un squeeze) y la regla del 11.

La cultura creada por el absolutismo político dio lugar a un nuevo concepto del deporte, basado en el ejercicio físico, como consecuencia del colonialismo inglés y el nacionalismo alemán. Fue incorporado en la educación inglesa con el objetivo de producir “deportistas”, un prototipo de los admirados militares coloniales. En Alemania, se mantuvieron los llamados juegos Turnen (Sistema gimnástico creado en Alemania a mediados del siglo XIX por L. Jahn, un ferviente nacionalista, para enfatizar la singularidad cultural de las actívidades físicas germanas) con el objeto de preparar atletas para la Guerra contra Napoleón. Con el apoyo de Francia, este concepto condujo a la restauración de los Juegos Olímpicos en 1896, con la exclusión de juegos no físicos. Finalmente, pero no por ello menos importante, la cultura lingüística introdujo la más típica innovación en nuestro juego. De hecho, los estudios sobre el lenguaje iniciados por Leipzig y Hume influenciaron al Whist y contribuyeron a introducir el lenguaje hablado en el juego, tal fue el caso del llamado Boston Whist. Más tarde, continuando con los trabajos de los americanos Morris y Pierce y el europeo Saussure sobre el lenguaje semiótico como fase preliminar, el remate fue adoptado a fines del siglo XIX, dando lugar al Bridge moderno.

Durante el siglo XX, las culturas griegas del espectáculo y del “agon” (palabra en griego antiguo que significa contienda o desafío) se desarrollaron y consolidaron. El Bridge se convirtió en espectáculo y también en un notorio modo de competición.

Al final, el Bridge adoptó la cultura del cyber espacio y el internet contribuye a su difusión a través de un innumerable número de manos competitivas jugadas por gente de todo el mundo, que nunca se han encontrado y que nunca se encontrarán personalmente.

El juego y el arte también se relacionan. Desde la Grecia Antigua, ambas expresiones van de la mano; la conexión es el impulso humano que lleva al placer, es una forma de escapar del mundo material. Kant se ocupó de esta pregunta como un maestro en busca de lo hermoso y lo estético. Tal impulso, que después de todo es la cultura del ocio, conecta todo lo que tenga como objetivo a este movimiento de emancipación: el juego, el arte, la literature, el teatro, etc. Ortega y Gasset designó el impulso que conduce al “viajero” a la autonomía mental como “aroma”, y enfatizó sabiamente que el arte y el juego convergen porque tienen el mismo origen.

La ciencia puede definirse como el conocimiento adquirido por la observación y el razonamiento. Es obvio que la naturaleza científica del Bridge podría ser justificada solo por estos dos aspectos. La mayor dificultad en aceptar la ciencia en el Bridge viene del Empirismo, que impone un conjunto de principios probados los cuales pueden ser experimentados por observación. De acuerdo con este criterio, sólo las ciencias exactas pueden ser consideradas como ciencias; el resto –ética, moral, aquellas que derivan de las leyes naturals y, obviamente, filosofía- caen fuera de este concepto. Los racionalistas tenían una visión diferente. Descartes, Spinoza, Leibniz y otros afirmaban que el intelecto es capaz de reconocer, sin importar la experiencia.

Finalmente otro concepto: Karl Popper, considerando el trabajo y las conclusions de Einstein, creyó que el conocimiento adquirido por la experiencia no puede conducir a la certidumbre, sino solo a probabilidades. En conclusión, uno puede declarar que la ciencia no sólo cubre el conocimiento exacto y técnico sino también el conocimiento moral y natural, en el cual los juegos están incluidos.

El Bridge respeta los principios del Empirismo y puede considerarse una ciencia que satisface ambos requisitos con su disciplina y estructura.

No hay dudas en lo que respecta a la matemática. La aritmética, la geometría, las reglas de cálculo de porcentajes y probabilidades son ciencias. Lo mismo es cierto con respecto a las reglas del juego, que han sido formuladas en los principios de la exactitud.

La filosofía encuentra la verdad de un silogismo como el resultado de la certidumbre de las premisas. La ley no sólo abarca la terminología del Bridge (remate, contrato, promoción, sanciones, etc.) sino también la regulación de los jugadores por sí mismos como consecuencia de las cartas que tienen en sus manos.

Hay una ciencia implicada en la estructura del Bridge: el lenguaje semiótico de signos y símbolos en el remate y el carteo. Como en cualquier otra lengua, la semiótica tiene semántica basada en las atribuciones de los significados, la exactitud de los cuales puede ser probada. Está, también, la relación de signos y sintáxis que pueden explicarse solamente de una manera científica. Hay, aún, una elaboración esquemática de sistemas en el lenguaje que pueden ser continuamente probados y sujetos a revisión.

Durante el siglo XX, la cultura democrática influenció al Comité Olímpico Internacional (IOC) para abrir la puerta a una definición más amplia de los deportes. Hoy, la Carta Olímpica es el ideal olímpico como “una filosofía de vida, exaltando y combinando en un entero equilibrio las cualidades del cuerpo, la voluntad y el espíritu”. Indudablemente, el intelecto es una de las cualidades del cuerpo. De acuerdo con esa realidad, el IOC, siguiendo el mismo tratamiento dado al ajedrez, reconoció la a World Bridge Federation el 15 de junio de 1995, en Budapest. Este reconocimiento fue reconfirmado en Seúl, en 1999. Por lo tanto, desde que la WBF, cuyo objetivo consiste en administrar el Bridge, fue reconocida por el IOC, el Bridge es un deporte.

Miguel Mestanza abre aquí un parentesis para criticar el hecho de que, en marzo de 2005, el Consejo Superior de Deportes de España opinó que todavía faltaba reconfirmar el reconocimiento del IOC y que, por lo tanto, no podían aceptarlo en España como tal. Entre las discusiones, Mestanza menciona que el Olympic Movement Report 2005 (informe olímpico) incluye la WBF en la lista de federaciones reconocidas por la IOC, y también el hecho de que España ha adherido a la Carta Olímpica desde 1991, lo cual lo hace oficial en el país entero.

La última parte de la tesis de Mestanza subraya los beneficios de enseñar Bridge en escuelas y universidades como un medio de satisfacer el papel social del juego en la formación del carácter de una persona. Practicarlo, contribuye a fortalecer la memoria y a ampliar el sentido ético y filosófico de la vida, a través del auto control, la concentración, la toma de decisions, la moderación y el balance, junto con la disciplina y el rigor, los cuales son inherentes a la competición.

Además de estos valores formativos, el Bridge tiene un gran valor cultural y científico, el cual normalmente no llama la atención. Siguiendo con el principio de “enseñanza global”, es importante poner énfasis en esos valores. Por ejemplo, cuando se menciona el hecho de que el Bridge es una ciencia, ¿por qué no explicar su empirismo? Cuando recordamos los orígenes del Bridge, ¿ por qué no mencionamos las circunstancias históricas y sociales del período? Cuando enseñamos las reglas del juego, ¿por qué no evocamos el Iluminismo? Cuando ponemos la atención en el razonamiento, ¿por qué no explicamos la lógica y el silogismo aristotélico y estoico? Cuando estudiamos el remate y el carteo, ¿por qué no conectarlos con el lenguaje de la semiótica? Y… tantas otras posibilidades educativas y formatives las cuales son puestas a nuestra disposición por el Bridge.

Para la sociedad, es importante que las escuelas y las universidades hagan un buen uso de todo lo conectado a la cultura y la ciencia, y para el Bridge es importante tener acceso a esos foros. ¿Por qué no tratar de armonizar ambos intereses?